Que ganes o que pierdas. Y el problema no es precisamente ganar o perder, sino qué ganas o qué pierdes. El problema es hacer la mayor estupidez, gilipollez o insensatez que has hecho en toda tu jodida vida y perder a alguien que lo era todo para ti. Perder a una de esas personas que son tan únicas como irremplazables. No se si sabréis lo que significa que desaparezca uno de esos pilares que impiden que caigas y que te mantienen a flote, pero no os lo deseo a ninguno. Es una sensación horrible, le echas de menos constantemente, solamente quieres hablar con él y explicarle el porqué de tu decisión aún sabiendo que no la va a entender. Pero, ¿sabéis que es lo peor de todo? Saber que has hecho daño a alguien a quién de verdad le importabas, a pesar de tus tonterías, tus paranoias, tus enamoramientos… Alguien que siempre ha estado dispuesto a ayudarte. Y todo por actuar por puros impulsos. ¿Quién me mandará a mí? Y lo peor de todo es que probablemente no haya vuelta atrás, porque cuando haces daño a alguien, a pesar de que te arrepientas y de que le pidas perdón un millón de veces, la herida siempre estará ahí y con el tiempo se curará pero la cicatriz seguirá ahí, día a día, recordando lo que sea que hiciste. Y no te pido que me perdones, aunque ya sabes lo muchísimo que lo siento, porque sería pedirte demasiado viendo todo lo que has dado y cómo me he portado. Sólo te voy a pedir una cosa, que no me guardes rencor y que si algún día decides olvidar lo sucedido aquí estaré yo, dispuesta a retomar la amistad en el mismo lugar dónde la dejamos unos meses atrás. Sé que esto no va a ser fácil, pero respeto totalmente tu decisión y me voy a quitar del medio como me has pedido. No te voy a olvidar (espero que tú a mí tampoco).
P.D. Lamento haberme convertido en esta persona tan distinta a la que conociste.
P.D.2. Te quiero, te quise y te querré.






































