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jueves, 30 de diciembre de 2010

Entonces, cuando dejé de creer en el amor...

    Cuando me miró por primera vez fue como darle al botón de borrar sin querer y tener que volver a empezar. Pero mejor. No creía en el amor a primera vista. Ni siquiera creía en el amor. Y cuando me miró con aquellos ojos fue como si el Big Rip y el Big Bang eclosionaran a la vez destruyéndolo todo dentro de mí y dejando espacio para crear un nuevo universo; uno en el que él sería el centro de gravedad. A veces pasa cuando bajas la guardia. A veces una sonrisa te atonta y te olvidas del daño que creías irreparable. Es curioso como a veces una simple mirada cura todas las heridas del pasado, casi sin dejar marca. Como viajar a un lugar en el que mirar al pasado no entristece rostros, sino que fortalece a los corazones y regala tranquilidad a las almas que al fin consiguen ver el lado positivo de aquel mal que un día no pareció venir por ningún bien. Es absolutamente fascinante que el simple sonido de una voz nueva sea suficiente para que una persona, de repente, se cuele en un corazón. Un día me levanté y quise negarlo, al siguiente lo hice y tres semanas después todos lo sabían pero yo me resistía a admitirlo. Aunque no se por qué, pero desde que su mano apretó la mía, aquel primer viernes, mi mente y mi corazón se pusieron de acuerdo por primera vez en mucho tiempo, y los dos afirmaron rotundamente “él, tiene que ser él”. Y para cabezota, yo. Es esa clase de sensación que no se tiene con cualquiera, que no puedes decidir tener y que condiciona el resto de tu existencia. Y es lo típico que pasa y dices, me voy a esforzar, y me esforcé, pero pensé “vaya, ha sido demasiado fácil”. ¡Para qué hablaré! ¿Lo querías difícil? Pues toma. Sí, es verdad, siempre me han gustado las cosas difíciles, pero en realidad nunca he sido valiente para enfrentarme a ellas. Mentiría si dijera que ni una sola vez pensé en rendirme, pero mentira más grande sería decir que cada vez que veo esos ojos que me miraban no me entraban ganas de seguir luchando por la sonrisa que se escondía tras esos labios. A veces parecía la típica historia que nunca tiene final, que se estanca en un círculo vicioso y acaba siendo un simple juego de niños, y otras parecía que iba a tener un final feliz. Aunque más del sesenta por ciento de la gente me decía lo típico de te hace daño, no te merece… ¿Y a mi qué si me merece, no me merece o ninguna de las dos? Nadie lo entendía, puede que ni siquiera yo. Mi corazón y mi cerebro ya no estaban tan de acuerdo como al principio, pero los dos sonreían cuando él me miraba de reojo. Un juego o no, era bonito, nada parecida a la típica historia que tantas parejas cuentan. Porque, yo, siempre lo he dicho: esas historias en las que todo es rosa desde el primer día, las mariposas vuelan y siempre es primavera, no son historias de verdad; al final el rosa destiñe, las mariposas mueren y las flores se secan. Pero ¿quién puede apagar un fuego que no ha conseguido apagar un invierno? ¿Quién marchitaría un sentimiento que ha sobrevivido a un otoño? Son tantos días los vividos y tan extremas las experiencias que ni un agujero negro podría absorber tantísima magia. Sí, magia. ¿Algún día os habéis sentido a años luz de la persona supuestamente cercana? ¿Alguna vez habéis mirado a algún ser querido y sentido que no le conocíais? Sí, ¿verdad? Todos. Pues él y yo no. Porque aunque estuviéramos cada uno en una punta del planeta, su olor me perseguía y mis besos le encontraban. Porque aunque ni siquiera nuestras miradas se cruzaran, nuestros corazones nunca se soltaron. Y como dijo alguien “no es necesario ir de la mano para estar juntos”. Al principio no lo entendí, pero un día me llamó y no fui capaz de colgarle, un día me llamó estando yo enfadada y lo único que se me ocurrió hacer fue entenderle y apoyarle. Y después de todo, cuando ya parecía que el verano nos separaba, que tenía tres meses para olvidarme de un juego que a todos les parecía estúpido, la suerte cambió. Suerte para los que crean en ella, porque yo no creo en las casualidades. Yo creo en el destino, y creo que él nos estuvo poniendo a prueba en todo momento. Nos situó en un tira y afloja. Era el eterno sacrificio, una empatía jamás contemplada en la raza humana. Algo tan supremo que había superado todas las pruebas del destino. Y aquí es cuando os cuento que los finales felices son los que se quedan en el aire. Un final que en realidad es un principio.
    Yo ya no creía en el amor. Él me hizo volver a creer, volver a tener ilusión por una persona. Gracias a él perdí el miedo a dormirme y soñar. No siempre fue fácil, pero nunca he querido dejar de sentir lo que siento por él; incluso cuando dolía, amaba amarle como le amo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Un cincuenta por ciento de amor y un cincuenta por ciento de vicio.

Ven. Mírame a los ojos, fijamente. Provócame. Mantente cerca para que pueda respirarte y tú puedas respirarme. Acércate más, hasta que no pueda resistir las ganas de besarte. Pero hazlo tú, bésame. Bésame despacio y deja que disfrute de la textura de tus labios jugando con los míos. Deja que saboree tus besos a cada segundo y me pierda con tu revoltosa lengua. Deja que te muerda mientras tus manos se enredan en mi pelo. Quiero recorrerte a base de caricias mientras tus labios me envuelven en besos que no se limitan a mis labios, mientras me incitas a todo con besos tentadores. Juguemos. Investiga cada centímetro cuadrado de mi cuerpo con tus indiscretas manos, que yo te sigo, recorriendo cada rincón de tu piel por la frontera de tu cuerpo, sin parar, hasta que seamos capaces de dibujar en un mapa cada punto cardinal; hasta que nos aprendamos de memoria cada lunar. Siénteme. Búscame, que me encuentres envuelta en la pasión de un momento interminable pero efímero. Pégate a mí. Siente mi calor y pásame el tuyo, que no haya ni un centímetro entre tu cuerpo y el mío, y sigue. No pares. Deja que enloquezca ante la idea de que tus manos sigan jugando a meterse por debajo de la ropa, de mi ropa. Que quemo si estás tan cerca. Que deliro al sentirte. Que me derrito entre tanta pasión. Que mis manos se pierden por provocarte un poco más. Que noto como sube la temperatura cuando recorro tu cuerpo y me miras con esos ojos agarrados al deseo de tenerme. Que muero por tenerte. No dejes que nada nos pare, que nada nos interrumpa. Usemos la creatividad para encontrar la máxima expresión de placer jugando con las sensaciones de las caricias. Todo vale. No se me ocurre un paraíso más perfecto que aquel en el que tus labios se deslizan por mi piel, ni un sonido mejor que el de tu voz susurrándome al oído. Llévame por el camino del éxtasis hasta alcanzar las más de ochocientas pulsaciones por minuto que experimentan los colibríes, hasta que lo único que se escuche sea nuestra respiración acompasada y entrecortada (cada vez más fuerte). Poséeme hasta que la física y la química determinen el fin del inmejorable y explosivo momento. Solos tú y yo.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Carta II.

Querido tú:
  


    Aquí estoy otra vez escribiéndote. Sigo sin entender la situación, pero creo que tú lo entiendes todavía menos que yo. El caso es que no te haces ni una ligera idea de absolutamente nada.
    ¿Sabes? Si no se tratara de ti, si fueras cualquier otra persona y no tú, habría acabado con todo esto hace ya tiempo, pero como eres tú no puedo.
    Tampoco soy capaz de decirte que si quieres lo que sea conmigo dejes a tu novia. No soy capaz de decírtelo por varias razones. Una de ellas es que no me parece justo hacerlo, la otra es que se la respuesta y no quiero ni leerlo ni oírlo. Y es absurdo, pero hay algo en esta maldita situación que me gusta...
    Sonará egoísta, pero creo que te quiero mucho más que ella. Y pensarás "¡y tú que sabes?". Pues no, no lo se, pero lo creo. Igual que creo que yo me dedicaría mucho más a intentar hacerte feliz que a robarte el móvil para que no hables con una histérica que no para de llamarte porque se muere de ganas por verte.
    Me gustaría saber por una vez qué pasa por tu mente, que sientes, que piensas de todo esto, pero supongo que tendré que quedarme con la duda. Todas las noches me pregunto si será cierto lo que todos me dicen, si será cierto que soy tu segundo plato y que no sientes nada...Pero no creo que eso sea cierto y te defiendo siempre. Todas las mañanas me levanto deseando que sea por la tarde  y pidiendo por favor que te conectes para hablar contigo, y si no hablamos siento que mi día está incompleto- Llevo tantos días dándole vueltas a cómo reaccionarás cuando te diga todo esto...Y me asusta, me asusta porque creo que lo único que voy a conseguir es alejarte de mí. Porque está tu novia, y la quieres, lo se. Pero también me quieres a mi, sólo que de forma diferente.
    Crees que me importas, pero no te das cuenta. No me importas. Un amigo me importa, tú no me importas. A ti te quiero. Y se que si algún día te paras a leer esto vas a pensar que soy estúpida, pero me pasaría la ida dándote razones por las cuales te quiero. Como que me has hecho olvidarle, como que consigues hacerme sonreír hasta en el peor de mis días...Y seguiría, pero no serviría de nada. ¿Que qué es todo esto? Creo que es la petición para salir más cutre que existe en el mundo, porque ni siquiera quiero que me des una respuesta, puesto que de momento la se. No te imaginas lo que me cuesta ser tu amiga y escuchar todo lo que haces con tu novia y tratar de ayudarte cuando las cosas no salen como tú quieres.
    No creas que me voy a rendir y que voy a dejar de intentarlo. No, porque tu voz me da la chispa de esperanza que me hace falta para seguir, porque tus ojos me dicen que sientes algo más pero que está escondido, .
    No se exactamente por qué, pero se que eres tú. Encajas tan bien con el prototipo de príncipe azul con el que siempre he soñado...¡Infantilerías! El caso es que eres con lo que sueño cada noche, y dicen que cuando conoces a una persona sabes que es la indicada. ¿Por qué? No lo se, pero creo que llevan tazón. Lo creo porque lo siento. Creí que nunca volvería a creer en el amor y que nunca me dejaría caer en sus redes otra vez, pero tú lo has cambiado todo.
    No se si esto facilita o dificulta tu comprensión de la situación. Espero que la facilite, con toda mi alma. Yo, que por mucho que me cueste, sabes que siempre estaré aquí, como amiga, y como lo que tú quieras.




Fdo: tu...lo que sea.


Elena.




P.D.: Te quiero ¿Te enteras? Te quiero.