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martes, 8 de noviembre de 2011

¿Cómo renunciar al motivo de tu sonrisa?

Lo más duro no es hacerlo. Al fin y al cabo es una decisión más de tantas que tendrás que tomar en tu vida. Lo más difícil es enfrentarse al día a día. Saber que ya no va a estar ahí como tantas otras veces. Saber que todo el tiempo invertido ha sido en vano. Que has luchado por nada, por una simple ilusión. Porque sí, de ilusiones se vive, y para ilusa tú. También está eso de renunciar a tus principios. "Mientras quede una posibilidad entre miles de millones, vale la pena intentarlo". Pero, ¿en qué momento deja de valer la pena? ¿Cuando los malos momentos abundan más que los buenos? ¿Cuando te quedas sin fuerzas para seguir intentándolo? Nunca he sido de esas. Creo que nunca me he rendido. Pero esta vez la situación me supera. Siento que lucho por algo que nunca va a venir y que cada vez está más lejos. Y podría conformarme con lo que tengo. ¿Pero quién se conforma con la Tierra pudiendo tener las estrellas? Yo desde luego no... Y mientras las estrellas sigan brillando en mi cielo y ninguna persona se adueñe de ellas, esta loca va a seguir reconstruyendo su cohete, aunque se le venga abajo mil y una veces más. Ese cohete sencillo, pero que consiguió llegar hasta la luna y que espera que un día alcance las estrellas. Estrellas que cada noche le iluminan la cara, que le alegran la mirada, que la hacen sonreír... Difícil a veces, improbable otras, pero nunca NUNCA imposible.

P.D. No, nunca renuncieis al motivo de vuestra sonrisa.

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