expr:class='"loading" + data:blog.mobileClass'>

domingo, 19 de diciembre de 2010

Un cincuenta por ciento de amor y un cincuenta por ciento de vicio.

Ven. Mírame a los ojos, fijamente. Provócame. Mantente cerca para que pueda respirarte y tú puedas respirarme. Acércate más, hasta que no pueda resistir las ganas de besarte. Pero hazlo tú, bésame. Bésame despacio y deja que disfrute de la textura de tus labios jugando con los míos. Deja que saboree tus besos a cada segundo y me pierda con tu revoltosa lengua. Deja que te muerda mientras tus manos se enredan en mi pelo. Quiero recorrerte a base de caricias mientras tus labios me envuelven en besos que no se limitan a mis labios, mientras me incitas a todo con besos tentadores. Juguemos. Investiga cada centímetro cuadrado de mi cuerpo con tus indiscretas manos, que yo te sigo, recorriendo cada rincón de tu piel por la frontera de tu cuerpo, sin parar, hasta que seamos capaces de dibujar en un mapa cada punto cardinal; hasta que nos aprendamos de memoria cada lunar. Siénteme. Búscame, que me encuentres envuelta en la pasión de un momento interminable pero efímero. Pégate a mí. Siente mi calor y pásame el tuyo, que no haya ni un centímetro entre tu cuerpo y el mío, y sigue. No pares. Deja que enloquezca ante la idea de que tus manos sigan jugando a meterse por debajo de la ropa, de mi ropa. Que quemo si estás tan cerca. Que deliro al sentirte. Que me derrito entre tanta pasión. Que mis manos se pierden por provocarte un poco más. Que noto como sube la temperatura cuando recorro tu cuerpo y me miras con esos ojos agarrados al deseo de tenerme. Que muero por tenerte. No dejes que nada nos pare, que nada nos interrumpa. Usemos la creatividad para encontrar la máxima expresión de placer jugando con las sensaciones de las caricias. Todo vale. No se me ocurre un paraíso más perfecto que aquel en el que tus labios se deslizan por mi piel, ni un sonido mejor que el de tu voz susurrándome al oído. Llévame por el camino del éxtasis hasta alcanzar las más de ochocientas pulsaciones por minuto que experimentan los colibríes, hasta que lo único que se escuche sea nuestra respiración acompasada y entrecortada (cada vez más fuerte). Poséeme hasta que la física y la química determinen el fin del inmejorable y explosivo momento. Solos tú y yo.

No hay comentarios: