martes, 18 de enero de 2011
Perdona si te llamo amor.
El paraíso es una simple habitación de un chico que juega al baloncesto. El paraíso es la colcha azul de su cama que la coge como un pétalo que cae en las olas. Y ella se siente llevar, suave y un poco asustada, pero feliz de estar ahí, de haber aceptado ese viaje que van a emprender juntos. Sin partir. Sin maletas. Sin mapas ni planos. Porque en el amor los caminos y el paisaje se descubren cada vez. Porque nadie te los enseña. O quizás si. Y su respiración te guía. Te dice donde girar. Donde aminorar. Donde detenerse. Y a partir de ahí de nuevo sin miedo. Parece que la vida, de repente, tiene sentido y que todo cuanto han hecho hasta ese día ha servido para llegar hasta allí. A ese nuevo paraíso, destino: FELICIDAD. Pero es tan hermoso creer en la felicidad. Porque cuando haces el amor con la persona a la que amas, es siempre la primera vez, es siempre una partida. Y entonces esa cama se convierte en una barca en medio de las olas. Olas tranquilas, ligeras. Olas que acunan. Olas que no dan miedo. Olas que los llevan hacia una isla desierta, solo para ellos.
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