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martes, 11 de enero de 2011

Por muy larga que sea la tormenta el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.

    Cuando él está triste desaparece mi sonrisa. Yo, que sólo vivo por verle sonreír me pregunto quién se ha creído el mundo para impedírselo. Y ya puede prepararse quién sea, porque yo no pienso permitir que se apague la luz de su sonrisa ni que sus miradas vayan a parar al suelo, que yo lo que quiero es escucharle gritar al cielo y ver cómo se deja caer sobre la hierba sintiéndose pleno. Y si él quiere ver las estrellas en el centro de Madrid yo cortaré la luz de toda la comunidad para que él pueda disfrutar de las vistas y pedir mil deseos a cada estrella fugaz que se cruce por sus pupilas. Y me da igual si en otoño no salen las flores y hay que esperar a la primavera, porque si él quiere flores me voy al oro hemisferio y le traigo la más bonita de todas ellas, la que mejor huela. Pero su sonrisa no la toca nadie. Y nadie es nadie. Ya puede venir el señorito Obama a decirme que a ver por qué sería capaz de desencadenar una tercera guerra mundial sólo por una sonrisa, que se irá por dónde ha venido, que no, que la suya no es sólo una sonrisa. Y si a algún extraterrestre descarado se le ocurre visitar nuestro planeta para intentar robar mi sueño y su sonrisa yoyo no se lo que haría. Y tampoco se si alguien podrá entender esto o no, pero tampoco me importa, porque yo se que le quiero, y con que él también lo sepa me es suficiente. Suficiente para poner en su sitio al que sea que intenta acabar con su alegría y su energía. Suficiente para cogerle de la mano y escapar con él lejos, donde nada pudiera preocuparle. Y más que suficiente, tanto que si tuviera al mismísimo Johnny Depp llamando a mi puerta suplicando amor, me quedaría con la calidez de su mirada y la belleza de su sonrisa. Ojalá tuviera más palabras, ojalá pudiera dibujaros este sentimiento, porque todo lo anterior se queda corto. Porque yo no le quiero, eso es mentira. Es más que quererle, pero tampoco le amo. ¿No tenemos un verbo para definirlo? Y nuestra lengua que presumía de ser abundante en vocabulario, ahora resulta que ni siquiera puedo decirle que le más amo porque no tenemos un verbo. Y entonces pintaría, con muchos arcoiris y flores y mariposas y corazones. Pero eso sólo podría expresar una tercera parte de la felicidad que me inunda al verle sonreír, y es mucho, mucho más. Es por eso que yo me pondría en la puerta de sus sueños cada noche para que no pudieran entrar pesadillas en ellos y me levantaría temprano cada mañana para pintar su cielo del azul más bonito, porque si no existen palabras ni puedo pintar lo que siento, sólo me queda demostrárselo

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