expr:class='"loading" + data:blog.mobileClass'>

sábado, 1 de enero de 2011

Querido 2010:




    Te has consumido. Pero, ¿cómo olvidar tus trescientos sesenta y cinco días? ¿Cómo hacer que tus ocho mil setecientas sesenta horas pasen desapercibidas o ignorar tus quinientos cincuenta y dos mil seiscientos minutos? Que por cada día guardo un preciado recuerdo y miles de emociones, por cada hora un pensamiento inseguro y por cada minuto treinta y un millones quinientos treinta y seis mil latidos cargados de ilusiones, ganas y decepciones, sonrisas y lágrimas; todo y nada. Has pasado demasiado rápido. Aún parece que fue ayer cuando estaba deseando que acabase el dos mil nueve, aquel maldito dos mil nueve, y le decía a todo el mundo que ibas a ser mi año. Pero nadie me creía, se limitaban a decirme que todos los años decía lo mismo y que tú no ibas a ser diferente. Ahora se que se equivocaban. Has cambiado mi vida dando un giro de trescientos sesenta grados, y ahora llegas, nos dices que te vas y que no piensas volver. Te voy a echar de menos. Podías quedarte un poco más… Más, porque has cumplido mis expectativas. Más por todas aquellas personas que me han acompañado en este viaje lleno de locuras y sinrazones, pero también de coherencias y preocupaciones. Más por las cosas que me he dejado sin hacer, y por todas las que hice sin pensar. Más, por un millón y medio de sonrisas más. Más, solo un poco más, por aquellos sueños que se quedan a medias al despertar y por aquellos que sólo a la luz del día podemos hacer realidad. Más, por ti, por mi, por él, por ella, por nosotros, por vosotros, por ellos y también por ellas. Más, por todos.
    Durante tus doce meses he reído, he llorado, me he sonrojado, he gritado, he amado, he odiado, me he decepcionado, he decepcionado a algunos, he sorprendido a otros, he crecido, he madurado, me he comportado como una cría, he sentido, he experimentado, he besado, he añorado, he aprendido, he soñado, he jugado y, sobretodo, he vivido. He vivido cada segundo viajando entre sentimientos y palabras, he vivido intentando tocar el futuro, con el pasado a cuestas y el presente de la mano. Y aunque me hayas dado unas cuantas lecciones de por qué no debo dar nada por sentado o por qué no debo decir nunca de esta agua no beberé, me has hecho levantarme de cada caída y afrontar las cosas con otra perspectiva; puedo decir que has sido, sin lugar a dudas, uno de mis mejores años. Uno de esos en los que me habría gustado tener una foto que describiera a la perfección cada día, para no olvidar uno solo, para recordar cada momento y sentir que, incluso, puedo tocar cada situación.
    
    Y antes de finalizar esta despedida me gustaría agradecer su compañía a todas aquellas personas que me han regalado sus sonrisas, que me han ayudado a ver la realidad y que me han aguantado cuando me he puesto tonta. A los de siempre, a los de casi siempre y a los nuevos. Por cada minuto a mi lado os regalo un trozo de mí, y por cada minuto a vuestro lado gano infinitas emociones.
    Ahora sí, adiós dos mil diez: siempre te recordaré.

P.D.: Te espero dos mil once. No se que nos tienes preparado ni qué piensas hacer con nuestras vidas. Este año no voy a tener demasiados buenos propósitos, y no los voy a apuntar en una lista, este año me voy a dejar ser. Sólo te pido una cosa: no me quites mi fuente de felicidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola elena!! jaja de verdad me estoy viciando a ver todos los días tu blog.. me encanta todo!
suerte cn esto!! 1 besazo